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Cómo mantenerse sano durante un viaje

alimentos peligrosos

Los viajes son para disfrutarlos, así que cuando las molestias de salud o las enfermedades hacen acto de presencia, el éxito del viaje corre peligro.

No te cargues… demasiado

La mochila o la maleta serán nuestro compañero permanente en el viaje, por lo que conviene viajar ligero. Un adulto puede cargar fácilmente hasta 23 kilos, además de ser este el peso máximo sin tener que pagar extra de la mayoría de las aerolíneas, por lo que es un buen referente para el mayor peso aceptable de una carga cómoda.

Cuidado con el sol

La mayoría de los viajes son al aire libre y, por lo tanto, bajo el sol. Ya sea en verano o en invierno, en lugares tropicales o árticos, conviene protegernos de las quemaduras del sol con crema solar de alta protección. Asegúrate que además sea resistente al agua. Un sombrero no iría mal tampoco. Hay incluso ropa que protege de los rayos UV. Y no te olvides de los ojos: para eso existen las gafas de sol.

No toques el agua…

O si lo haces que sea embotellada o hervida. El hielo, por la misma razón, hay que olvidarlo, al igual que las ensaladas o la fruta ya pelada. Cualquier agua de origen desconocido nos podrá mandar al baño inmediatamente.

Cuidado con lo que agarras

Mientras nos movemos en transporte público, o mientras tocamos ese raro animal que solo habíamos visto en documentales, al saludar a gentes desconocidas o al apoyarnos en esa baranda junto a la vista bonita, lo que hacemos es llenarnos las manos de microbios. Cuando comamos nos los vamos a meter directamente en la boca a no ser que nos lavemos muy bien las manos. Para aquellas ocasiones en que no dispongamos de agua y jabón, existen unas pequeñas botellas de gel de alcohol de bolsillo la mar de prácticas.

Cuidado con lo que comes

No todos los estómagos son igual de resistentes. A lo mejor te gusta el picante, pero en México e India habrá que ir con medida. En Perú puedes probar larvas, pero después no te quejes. Y si te va cualquier cosa comestible, China es tu sitio.

Protégete los pies: Es cierto: en algunos sitios hace calor, y cuando hace calor da mucha pereza ponerse calzado cerrado. Con lo fresquito que está uno con chancletas o zapatillas… Pero suele ser en esos sitios donde más abundan los insectos mordedores, las serpientes venenosas o las semillas con espinas. Así que protege siempre a tus pies con un zapato cerrado.

¡Esos malditos insectos!

La malaria, el dengue, la chikungunya, la enfermedad de Chagas,… son enfermedades transmitidas por insectos. Por ello existen los repelentes de insectos, especialmente el DEET. No olvides rociar también las ropas con ellos y usar las que sean de colores discretos para no atraer a los mosquitos. La marca de ropa Wind X-Treme tiene incluso un pañuelo tubular impregnado ya con repelente.

Casos de altura:

Si viajas al Himalaya o a los Andes, te encontrarás con un factor que pocas veces se tiene en cuenta: la altura. La adaptación a la escasez de oxígeno depende de cada persona, y solo mejora con el tiempo o bajando a cotas más bajas. Sin embargo, hay que fijarse en lo que hace la población local contra el mal de altura y usar sus remedios milenarios. En el altiplano de Bolivia, por ejemplo, masticar hojas de coca ayudan a adaptarse mejor a la altura, y en el Tíbet usan un concentrado de Rhodiola rosea. No olvides, sin embargo, que lo mejor es no forzar el organismo y beber mucho líquido.

Todos estos consejos pueden servir para prevenir alguna posible enfermedad o molestia, pero no son infalibles. Los microbios, insectos y otros peligros están siempre al acecho de encontrar una posible víctima, por lo que además de llevar un buen botiquín de emergencia, lo más importante para cualquier viaje es contar con el seguro de viaje médico adecuado.

Jordi Canal-Soler en colaboración con TBnet España
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